Los Síntomas del Dolor de Espalda

Teniendo en cuenta que es muy difícil establecer unos síntomas comunes que tengan estrecha relación con el dolor de espalda -pues el dolor de cada persona en esa zona es único- podríamos distinguir entre síntomas comunes y síntomas graves:

Los Síntomas Comunes

  • Como ya hemos comentado, el dolor de espalda puede llegar de repente o de una manera progresiva. Un movimiento tan simple y común como un estornudo o una manera de toser algo más fuerte de lo normal puede desembocar en un incómodo dolor de espalda. Estos son los síntomas más comunes del dolor de espalda:
  • Dolores que aparecen por el levantamiento de objetos pesados, por alguna caída o por movimientos bruscos.
  • Molestias que aumentan al volver a realizar determinadas actividades o que disminuyen hasta prácticamente desaparecer con el descanso.
  • Dolores con especial sensibilidad cuando se produce cualquier tipo de contacto con la zona dolorida o simples contracturas musculares.
  • Molestias localizadas en la zona baja o lumbar de la espalda y que no tienen repercusión en las piernas.

Los Síntomas Graves

  • En ocasiones, los dolores de espalda no son algo que debamos de tomar a la ligera. Si pasados unos días el dolor no se ha ido ni ha disminuido deberías empezar a plantearte acudir a recibir atención médica. En especial, si observas alguno de los siguientes síntomas, deberías de acudir lo antes posible, pues el dolor de espalda podría desembocar en algo mucho más grave.
  • Si observas incontinencia urinaria o problemas de control de esfínter.
  • Si el dolor es tan grave o molesto que no permite que continúes con tus actividades diarias.
  • Si, en lugar de mejorar, notas que el dolor empeora con el paso del tiempo de una manera continuada y persistente.
  • Si contemplas debilidad o síntomas de adormecimiento en la pelvis o en cualquiera de las piernas.
  • Si observas debilidad, adormecimiento u hormigueo tanto en el brazo como en la mano.



Síntomas del Dolor de Espalda según su Tipo y sus Particularidades

Por otra parte, no hay que olvidar que hay diversos tipos de dolor de espalda y que cada uno de ellos tiene sus particularidades. A continuación, incidiremos en los detalles de la cervicalgia, la dorsalgia y la lumbalgia.

1. Cervicalgia: Como ya hemos comentado, la cervicalgia es el dolor persistente tanto en la parte trasera del cuello, o nuca, como en las vértebras cervicales. Dicho peligroso dolor puede extenderse a hombros y brazos y suele ser denominado síndrome cervical. Este tipo de dolencia también es conocido como cuello rígido al ser uno de los principales síntomas del mismo.

Los síntomas de la cervicalgia varían desde el simple dolor de cabeza hasta las desagradables náuseas, pasando por el vértigo, los diversos trastornos visuales o algunos incómodos pitidos en los oídos. Esta zona es la parte más delicada de la espalda, aunque muy flexible. Dicha movilidad es la que genera altas cargas en los músculos y un gran desgaste en las vértebras, produciendo ambas circunstancias dolores, que pueden acrecentarse si los nervios se dañan o irritan.

Por lo general, el dolor cervical es un dolor que se reproduce en gran parte de la población, hasta alcanzar cotas del 50% de incidencia. Se cree que las mujeres son más propensas a padecer cervicalgia. Por lo general, este dolor suele relacionarse con malas posturas, ansiedad, depresiones o incluso por el estrés. Por otra parte, es importante resaltar que es la principal dolencia relacionada con los accidentes automovilísticos o deportivos.

2. Dorsalgia: Cuando hablamos de dorsalgia nos referimos a un término genérico que hace referencia a los dolores que tienen lugar en la zona dorsal, la que vendría a coincidir con la zona de las costillas en la parte delantera de nuestro cuerpo. Incluso, en ocasiones, guardaría relación directa con dolores en esa parte torácica anterior. Los síntomas más comunes de las dorsalgias suelen basarse en dolores de origen musculo-esquelético, problemas de reflujos gástricos o, incluso, del sistema respiratorio, como pueden ser la tos, el asma o diferentes infecciones respiratorias.

Los síntomas de la dorsalgia fluctúan entre la habitual sensación de carga y pesadez en la espalda y la limitación del movimiento en esa zona dorsal posterior de nuestro cuerpo, pasando por el aumento del dolor progresivo provocado por mantener la misma postura de una manera constante.

Al igual que en el resto de enfermedades, en el dolor de la zona dorsal hay que tratar de averiguar qué es lo que le ha desembocado, pues en muchas ocasiones es el fiel reflejo de causas emocionales, que provocan una tensión en nuestra expresión física. Si es este el caso, tendremos que trabajar para recuperar nuestro sistema nervioso antes de pasar a tomar medidas superiores. Por el contrario, si el dolor atiende a otro tipo de causas (hernias, infecciones, giros bruscos, etc.), la recomendación médica será la que nos indique de qué manera debemos enfocar la dolencia.

3. Lumbalgia: Continuando hacia abajo en nuestra espalda, después de la zona dorsal encontramos la zona lumbar, que es el lugar en el que se producen la lumbalgia. El síntoma principal de esta dolencia es, precisamente, el agudo dolor en la zona. Asimismo, dicho dolor puede desplazarse a los miembros inferiores y, en casos extremos, limitar totalmente la movilidad de la persona afectada. Como hemos comentado anteriormente, es una dolencia que, por lo general, se asocia a una edad avanzada, aunque nadie está exento de padecerla en otras edades.

De cara a poder tratarla cuanto antes, es necesario establecer qué tipo de lumbalgia padecemos, pues habitualmente se distinguen hasta 5 tipos de lumbalgia habituales a tratar por nuestro médico:

a) Lumbalgia visceral: Las vísceras de la zona abdominal ocasionan el dolor en la zona lumbar. Entre estas vísceras encontraríamos los riñones o el colon y, en el caso de las mujeres, los genitales. Se trata de un dolor muy profundo y que tiene una localización muy amplia, por lo que es muy difícil de delimitar y de tratar. Como es lógico, este dolor no se produce por ningún tipo de movimiento o brusquedad, sino que está relacionado directamente con las funciones de la víscera afectada en cuestión.

b) Lumbalgia ligamentaria: Es la lumbalgia que se deriva de mantener una postura inadecuada durante mucho tiempo. Nos percataremos del dolor justo en el instante en el que cambiemos de postura, y éste será similar al de una quemadura.

c) Lumbalgia muscular: Habitualmente, la lumbalgia muscular afecta a determinadas partes del cuerpo como son los glúteos, los abdominales, la musculatura obturadora, el psoas iliaco y otros músculos de la zona lumbar. Si en un test de movilidad lumbar el paciente tiene limitaciones de movimiento por fuerte dolor, quedará confirmado que el tipo de lumbalgia que sufre es muscular.

d) Lumbalgia articular: Este tipo de dolencia atiende a una hiperpresión ejercida en las facetas articulares lumbares. Mientras que en las fases de mayor dolor (o dolor muy agudo), éste es muy localizado, con ligeras zonas de dolor referido, en las fases de dolor crónico únicamente aparecerá dolor referido en el paciente. En estos casos de lumbalgia, es habitual el dolor al levantarse por las mañanas, al igual que la clásica percepción del paciente de que se está levantando de la cama cansado, aunque estos síntomas desaparecen a medida que el cuerpo se pone en funcionamiento.

e) Lumbalgia discal: La llamada lumbalgia discal aparece por la sobreestimulación de las fibras de los discos. El dolor se ubica en áreas más o menos amplias y con márgenes mal definidos a lo largo de la espalda e, incluso en zonas como los glúteos. Si el paciente realiza esfuerzos de flexión y nota chasquidos podríamos estar ante una fisura del anillo fibroso, lo cual puede ser peligroso y preocupante.

 

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